"En la vida, lo importante es la capacidad de responder ante el sufrimiento del prójimo." (Ludwig Wittgenstein)

jueves, 28 de enero de 2016

IN MEMORIAM (a mi tío Pepe, "el viejo telegrafista")



Viejo telegrafista
Será por las barrocas contraposiciones y duales de Sevilla, modelo paso de la Canina, modelo cuadros de Valdés Leal en La Caridad, pero no hay nada más lleno de vida que las páginas de esquelas del ABC. Ya he dicho que cada esquela encierra una novela, una saga familiar, a veces una tragedia, siempre un signo de nuestro tiempo. Gorigoris aparte, ¿cuántos artículos me han dado hechos las esquelas de ABC? Pienso en aquel señor que mandó que le pusieran: "Bético hasta la muerte". Era escribir con las trece barras verdiblancas el salmo "Miserere", y con música de Eslava: "Usque ad mortem". Por estas razones, soy lector consumado y deleitoso de las papeletas de defunción, como las llamaban antes. Esquelas que, por otra parte, son mi gran competencia en el periódico:
-- Burgos, cuando llega a casa el ABC, lo primero que leo es su recuadro y después, las esquelas. Y usted me sabrá perdonar, pero algunos días lo hago al revés: primero las esquelas y después lo suyo.
Al fin y al cabo, son lo mismo muchas veces. Este recuadro, manque sin luto tipográfico de cierre de media caña de tres puntos, es algunos días la papeleta de defunción de un comercio tradicional, de una tradición perdida. En resumen: modelo 3; un trozo de Sevilla que se nos ha muerto. Venía antier en ABC una esquela que me da hoy el jornal ganado. Era del señor don José Cantos Navarro, bajo cuyo nombre ponía su profesión. En verdad ,una novela o un ensayo sobre la evolución de las tecnologías. O ambas cosas. Decía: "Viejo telegrafista". O sea, un gorigori por unas tecnologías que en su momento fueron novísimas, pero que ya son pura arqueología industrial. Responda a esta pregunta, si es joven: ¿usted ha visto alguna vez un telegrama, un azul telegrama como aquellos que los soldados recibían en el cuartel, "Padre gravísimo, ponte en camino"? Y si es usted ya puretoncete, responda a esta otra pregunta: ¿Cuándo fue la ultima vez que recibió un telegrama? ¿Cuándo la última que lo puso? "Correos y Telégrafos" era el nombre del Cuerpo al que pertenecía don José Cantos. Cuerpo con fama de republicanote. Por algo el edificio nuevo de Correos y Telégrafos en la Avenida lo inauguró don Diego Martínez Barrio como ministro de Comunicaciones del primer gobierno de la II República.
Los telegramas te daban los sustos que ahora te pegan los burofaxes. Como máxima novedad, inventaron el Telebén: el telegrama que se ponía por teléfono, del que era jefe en Sevilla mi muy querido y chirigotero Salvador Fernández Júlbez. Pero ya nadie pone telegramas. Yo recibo un solo ritual telegrama al año, el día de San Antonio, puntual, antiguo, que nada más que llama el repartidor sé quien me lo pone: mi querido amigo don Javier Benjumea Llorente, pseudónimo del Marqués de La Puebla de Cazalla.
Con la muerte de este viejo telegrafista, como cuando la esquela de aquella cigarrera, o de la estanquera rociera de Triana, se nos viene encima todo el peso del tiempo. No sólo han desparecido los oficios tradicionales que dieron nombre a muchas calles gremiales: toneleros, boteros, albéitares, curtidores, talabarteros, herradores, lateros, silleros... También han desaparecido ya, como nuestro viejo telegrafista, los oficios de la revolución industrial: torneros, fresadores, caldereros. En el tren ya no quedan maquinistas, ni fogoneros, ni revisores, ni factores, ni mozos de estación. En los periódicos ya no hay linotipistas, ni cajistas, ni ajustadores, ni correctores, ni atendedores. Hasta las tecnologías de la comunicación de han quedado antiguas: ya no hay télex, ni teletipos. Hasta el propio fax es una antigualla. La esquela del viejo telegrafista es como el certificado de defunción de las que en su momento fueron novísimas tecnologías, en este mundo tan cambiante en que ya hasta ha desaparecido el Código Morse. Para don José Cantos, los pitiditos del Morse repicando en el telégrafo que fue su vida no eran una lengua muerta.

ANTONIO BURGOS, ABC DE SEVILLA 28-1-2016

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